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domingo, 26 de julio de 2026

La casa por el tejado


 

....Un abismo que no reflejaba mi imagen, sino mis deseos.
Intenté apartar la mirada, pero el pianista sonrió sin mover los labios. Sus dedos no tocaban ya las teclas: las acariciaban como si fueran recuerdos. Cada nota que brotaba del piano verde fosforito arrancaba algo de mi pecho, una certeza, una duda, un miedo.

—La música no es mía —dijo sin voz—. Es tuya.

Entonces aquel carrillón lejano, aquella melodía romántica, no era más que la suma de mis anhelos no cumplidos. La casa que no compré. La vida que no viví por prudencia. El amor que no me atreví a nombrar.

El calor se volvió insoportable. Sentí que si permanecía un segundo más allí, terminaría por consumirme en una versión perfecta y estática de mí misma. Sin riesgo. Sin pérdida. Sin regreso.
La vocecilla interior regresó, más firme.

Di un paso atrás.

La música desafinó.

Otro más.

El pianista alzó la vista, y el abismo en sus ojos se resquebrajó como un espejo.
Giré sobre mis talones y corrí hacia la luz, hacia la puerta en medio de la nada.

Quizá había perdido mis ahorros.
Pero aún no estaba dispuesta a perderme a mí.

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