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sábado, 29 de noviembre de 2025

La vida



 

En la hondura callada de sus ojos

se enciende un río que no pronuncia 

ningún nombre,

una claridad que rompe la penumbra

como una inquietud que no envejece.


Las pupilas son ventanas al instante,

refugio de silencios y de asombros,

donde el tiempo se queda suspendido

y el alma aprende a hablar sin pronunciarse.


Hay miradas que pesan como anclas,

otras que vuelan ligeras como brisa;

la suya, sin embargo, es un viaje

que te devuelve al origen de la ternura.


Mirarle es cruzar un umbral de fuego,

un espejo que no miente ni se apaga,

un faro que guía sin prometer destino

y enciende universos con tan solo 

un parpadeo.




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