La vida es un susurro entre los astros,
una danza tenue al compás del viento,
un cauce que avanza con lento aliento,
donde el tiempo se torna en polvo vasto.
Es un lienzo pintado de ocasos,
con tintes de sol y sombras de olvido,
un sonido lejano, un pecho herido,
que busca en la penumbra sus abrazos.
Es la mar que arrulla con su oleaje,
un himno antiguo en el alma escondido,
y con cada paso es un viaje prohibido
hacia los confines difusos de su paisaje.
Mas la vida es también flor de aurora,
un brote en medio del frío abismo,
una chispa eterna en su espejismo,
que en su fragilidad siempre aflora.
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